Necesito comprender y que me comprendan

Gracias por extender la Misión de Amor:

Alma mía, necesito comprender y que me comprenda mi prometida. Hemos vivido mucho y compartido mucho con su mamá. Siento que es parte del gran problema. Tenemos peleas por eso y quiero comprenderla y que ella me comprenda a mi, estamos por casarnos en un año y la comprensión no llega a nuestra vida. Estamos asistiendo a escuchar la Eucaristía.

En estos últimos días he buscado a Dios, con todo afán. Siento que estoy vacío y no he sido el mejor ser humano.

Comprender es como dar un abrazo completo, sin importar defecto, debilidad o fortaleza del otro. Simplemente, como la brisa del viento rodea la barca y la impulsa según sea el rumbo del timón. Así lo hace Dios con nosotros, nos da la brisa pero nosotros tenemos el timón para surcar el mar o quedarnos navegando en círculos.

Pero alma mía ¡Todo me da rabia! Estoy navegando en círculos. La casa de los padres de mi prometida, para mi, se ha convertido en el centro de mi rabia. Contesto casi entre dientes todo molesto. Es así diariamente, paso mucho tiempo ahí.

Lo que me pide el Señor es que descubra el misterio del Amor. Es decir que lo encuentre en mi debilidad, que ilumine mi enojo con su Amor con que nos creo y nos cría.

No sé como orar de corazón a Jesús para que me ilumine, siento que está el maligno acechando, diciéndome que no siga ese camino, que me desvíe. Pero yo quiero seguir a Dios.

Sé que el acercarme a Dios es permitir que me transforme con su Amor. Pues Dios: comprende salva y guía por el camino de la paz y la libertad.

Me digo: ¡calma! piensa que Dios está contigo. Pero me termina dominando la rabia y los rencores. Me siento muy mal.

El Señor me da el fruto, pero yo cosecho. Me da la semilla pero yo soy el campesino.

Tal vez el hecho de que mi prometida no me comprenda, ni me dé ese abrazo completo, sea porque está en un proceso de abrir su amor para compartirlo plenamente conmigo, y por esto no encuentro los frutos del amor de forma clara e instantánea.

Tal vez mi egoísmo, de mirarme comprendido, esté cegando mi labor de salvar el amor, de ayudar a que descubra el amor que fluye a través de ella.

Alma mía, trato todo el día de estar conversando con Dios y, en verdad, no siento esa paz. Me duele. No se qué pasa con mi vida. ¿que es estar en santa paz? Dios no me ha faltado. Yo a Él sí.

Me dice el Señor “niégate a ti mismo”, me pide que deje mi egoísmo que me paraliza en la barca, que suelte las amarras y me arroje a encontrar el rumbo en el mar. Negarme a mi mismo significa transformar la realidad que recibo para realizar lo que Dios quiere que se realice. El amor en mi prometida se manifiesta en la medida que el Señor quiere. Como lo hace con las flores, frutos y las semillas, así es su voluntad y expresión de Amor.

Alma mía, no sé porque razón me siento así.

Quiero comenzar a darle rumbo a mi relación: amando, encarnando el Amor que Dios ha puesto en mi corazón y darle la buena noticia, a la mamá y a mi prometida, de que son una expresión del Amor de Dios. Muchas o algunas veces no me comprenderán pero el Amor no pide que me comprendan, sino que comprendan que el reino del Amor vive en ellas, como en mi.

Ellas son el fruto, pero yo cosecho. Cultivaré cuando no han aparecido los brotes y seré paciente. Seguiré nutriendo con el agua de mi compasión y la ternura de mis cuidados. Ellas son semilla encarnadas del Amor de Dios, pero yo el campesino. Limpiaré las piedras y el espino que cubre la tierra buena que las alimenta, con constancia y esperanza . Alma mía, en cualquier duda acudiré al Señor. De las lecturas de la misa de cada día meditaré con afán para encontrar la tarea que Jesús me propone día a día. A partir de hoy mi oración con el Señor será dialogando, platicando continua y cotidianamente con el Padre Nuestro. Quiero, cada vez más,  dejarme abrazar y guiar por su Espíritu Santo para encarnar y cosechar el Amor de cada día.

Señor, se que me escuchas, nos bendices y acunas en tus brazos. Nos sostienes con tu Amor que Dios. Si tu quieres sáname, te lo pido en nombre de Jesucristo. Amen.

Permite que nos sentemos en el banquete de bodas contigo, como lo dice el Evangelio según San Lucas (14,15-24)

En aquel tiempo:
Uno de los invitados le dijo: “¡Feliz el que se siente a la mesa en el Reino de Dios!”.
Jesús le respondió: “Un hombre preparó un gran banquete y convidó a mucha gente.
A la hora de cenar, mandó a su sirviente que dijera a los invitados: ‘Vengan, todo está preparado’.
Pero todos, sin excepción, empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘Acabo de comprar un campo y tengo que ir a verlo. Te ruego me disculpes’.
El segundo dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego me disculpes’.
Y un tercero respondió: ‘Acabo de casarme y por esa razón no puedo ir’.
A su regreso, el sirviente contó todo esto al dueño de casa, y este, irritado, le dijo: ‘Recorre en seguida las plazas y las calles de la ciudad, y trae aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los paralíticos’.
Volvió el sirviente y dijo: ‘Señor, tus órdenes se han cumplido y aún sobra lugar’.
El señor le respondió: ‘Ve a los caminos y a lo largo de los cercos, e insiste a la gente para que entre, de manera que se llene mi casa.
Porque les aseguro que ninguno de los que antes fueron invitados ha de probar mi cena'”.

Autor entrada: Juan Manuel D'Acosta

Laico promotor y terapéita de Mision de Amor. Investigador de desarrollo de la espiritualidad en el conflicto. Lic. en Comunicación y postgrado en Psicoterapia de Pareja.

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