¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!

Gracias por extender la Misión de Amor:

La tormenta arrecia y el temor crece, fuertes vientos contrarios y la barca se mece a la buena del viento. Todo es más grande que lo que pueda controlar, el remo apenas rasca el agua y no logro avanzar hacia el rumbo propuesto. Las velas son un peligro pues mecen y ladean el bote. Quisiera echarle la culpa a alguien, quisiera decirle a alguien que quite de mi vida este momento ¿Jesús no te preocupas?

Señor, no sé cuál sea nuestro destino de nuestra vida, pero sé que tu estás con nosotros, te pido desde lo más profundo de mi ser que la protejas y la ayudes a descubrir el amor que has depositado en nuestro espíritu. 
Parece que ¿Dios es indiferente? Y aunque tengo el “Jesús en la boca” me miro desamparado y sin su presencia. Las olas me llenan de temor y la obscuridad cobija mis pensamientos. Me miro rodeado de personas y experimentamos dolor, sufrimiento o angustia. Parece extraño que Dios permita que eso continúe y la tormenta avance. Cómo encontrar la paz de Jesús, La preocupación está en el telón obscuro que enfrentamos. SI tan sólo pudiera encontrar en mi conciencia la presencia de Jesús.

Jesús siempre tiene una visión que va más allá, y nos pide a nosotros lo mismo. Mira el momento presente y sujeta el timón con las manos de Dios, confía en su presencia, búscala tu espíritu, es donde está el templo del Espíritu Santo, confía en que Jesús en nombre del Padre, en el Espíritu Santo trabajará en todas las cosas por nuestro bien.

Ahora reconoce la fe que Dios te ha entregado para que sepas que está presente, deja de mirar a cualquier otro pensamiento o sentimiento y mira la fe. La fe es un regalo que te entregó desde el día en que te encarnó en esta tierra. Tal vez está empolvada, ahogada y olvidada entre rencores, ruidos y preocupaciones.

Te propongo este ejercicio de Meditación

Enfoca tu conciencia a la fe. Dile a tu mente que repita “Señor, yo  creo en ti, pero aumenta mi fe” (Marcos 9, 22-24.) Una y tantas veces hasta que tu mente comprenda que tienes fe. También dile a tu emoción tormentosa que se sosiegue, pídele a tu cuerpo que respire profundamente, despacio, como las olas del mar calmo que llegan a la playa. Y une el pensamiento a tu respiración: al tomar aire profundamente que tu mente repita: “Señor, yo  creo en ti..” y al exhalar tu respiración suavemente completa la frase : “…pero aumenta mi fe”, Repite este ejercicio de meditación en la fe hasta que tu mente y tu emoción se dobleguen a la presencia de la paz de nuestro Señor. Verás que luego de minutos descubrirás la fe, que te confirma la presencia del Señor y con Él la paz tan anhelada con el rumbo de su voluntad.

La Palabra de Dios

Mateo 8:23–27

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!» Él les dijo: «¡Cobardes! ¡Qué poca fe!» Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.

Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»

Autor entrada: Juan Manuel D'Acosta

Laico promotor y terapéita de Mision de Amor. Investigador de desarrollo de la espiritualidad en el conflicto. Lic. en Comunicación y postgrado en Psicoterapia de Pareja.

Deja un comentario