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Acepta y entrega

Alma mía, el Señor insiste en que pongas su palabra en tu vida, que la encarnes y la extiendas como bendición por el mundo. Simplemente la escucha de su palabra parece difícil, pues hay tanto ruido en las preocupaciones y rencores, en el temor y los egoísmos del corazón, que alzarse sobre ese ruido requiere negarse y cerrar la puerta de los sentidos y las emociones para entender y comprender la palabra del Señor. Alma mía, su palabra tiene la fuerza y el sentido de lo que tanto anhelas.

Duele reconocer la ignorancia que le haces al Señor. Aun estudiando la biblia con los evangelios, llegamos a ignorar al Señor cuando le quitamos al espíritu los momentos para dialogar con Dios y vivir la experiencia del Espíritu Santo en nuestro espíritu terrenal. Alma mía, deja de enfocarte en tu mente y emociones y descubre en tu espíritu las palabras del Espíritu Santo.

Es en nuestro espíritu donde el Espíritu Santo escribe la palabra del Señor, es desde la conciencia de que somos un espíritu. No  te confunda el adversario empujándote a que vivas tu cuerpo, tus ideas o tus emociones. Alma mía: mente, emociones, imaginación y cuerpo son herramientas al servicio de tu espíritu que el Señor ha puesto para que bendigas al mundo.

Hasta cuando dejarás de rondar en la orilla del espíritu para habitar el espíritu que el Señor te ha entregado. Habita tu espíritu que viene del amor, se alimenta del amor, camina en verdad y vida pues es el Señor quien impulsa suavemente tus ideas y emociones desde el amor. Alma mía, has oración, vive las palabras que invocas, reconoce al Señor al invocarlo, reconócete en el Señor al orar.

En el fondo de tu conciencia está tu espíritu es el templo que tiene profundidad en el Señor y altura en su amor ¿dejarías que te robaran a Dios? Si esto ocurriera la muerte y la sombra eterna se apoderaría de tu conciencia y tu existencia sería memoria sin perdón y esperanza sin rumbo. Alma mía, enfócate en abrir tu conciencia para que el espíritu descubra al Creador, al Salvador y el consuelo y sentido desde este mundo.

Mírate alma mía, sin Señor no tienes sentido.

Mírate nuevamente alma mía y descúbrete en Dios que te da Sentido.

Mira a Dios mirando cada paso y pensamiento que arropas y transformas en maldición o en bendición.

Mira a Dios mirándote en su creación desando extender su bendición a través de tus acciones.

Mira a Dios mirándote cuando encarnas sus palabras y te compartes como mensajero de la buena noticia.

Mírate alma mía, pues eres el espíritu que lleva la buena noticia, que la vive y la comparte con el hambriento, el doliente, el desolado, el pobre (aún en sus riquezas), el sediento de una gota del manantial, del rocío del amor.

Alma mía deja de invocar tu egoísmo y lleva con tu vida el amor que viene del altísimo y que en la humanidad se encarna para bendecir el universo. Bendice a Dios en su creación y en tu prójimo como en ti.

Deja de recibir la palabra del Señor ¡acéptala! pues en tu espíritu está inscrita. La palabra del Señor está presente pues su palabra es la presencia del eterno amor. La palabra del Señor se vive, camina y reconoce en verdad, pues es en verdad, camino y vida, es en el Señor Jesús, donde espera tu espíritu habitar. La palabra del Señor es la fe que te mueve en el mundo para que muevas el mundo a la fe. Alma mía ¿qué esperas para entregar todo? si en el Señor Dios todo lo recibes: acepta y entrega

La Palabra de Dios

Lucas 11:27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.” Pero él repuso: “Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.”

 

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