Lo que de tu boca sale, de tu corazón proviene

Gracias por extender la Misión de Amor:

Haz este ejercicio de contemplación: Visualízate. Cada parte de tu cuerpo, desde la punta de los dedos de tus pies hasta tu cabello. Hazlo despacio. Siente tu respiración inhalando suavemente por tu nariz, exhalando despacio por tu boca. Planta bien tus pies sobre el piso.  Siente la firmeza que te sostiene.

Descubre el aire que te envuelve, tal vez es el viento. Visualiza como inhalas por tu nariz y descubre como entran millones de partículas de oxigeno, que se insertan en tus células, vienen viajando por tu sangre hasta llegar a la más lejana. Siente como se nutren y se “alientan” con el aire que respiraste. Imagina como las células entregan todo el oxigeno quemado y el desecho de los nutrientes. Al exhalar, visualiza como desde tu última célula, sale por tu boca todo ese aire, ahora quemado por tu cuerpo. Observa como esas partículas de viento van hasta las hojas verdes de los árboles Las hojas las absorben. se quedan con lo necesario de ese viento para regresarle al aire nuevamente oxigeno.

Vuelve a tomar aire suavemente. Ahora descubre como tu conciencia se da cuenta de lo que imaginas y piensas y sientes. Sostienes un momento la respiración, Date cuenta que respirar es algo que haces sin tener que pensar. Hay un flujo de amor que alienta tu vida y el universo, que lo hace por ti, lo hace en orden, lo hace en ti. Al exhalar suavemente por la boca, descubre que en tu conciencia es el espacio desde donde se comunicas tus palabras al viento, tus palabras traen los nutrientes que tu espíritu le muestra a tu conciencia y se convierten en palabra, en bendición, en el amor que transforma el mundo. Sostén un momento la exhalación. Descubre cuantas bendiciones puedes entregar, cuanto perdón o  cuantas maldiciones echas al viento que te rodea.

Toma aire de nuevo y suavemente guía a tu conciencia hasta llegar al fondo de su atención. Visualiza en esa profundidad de tu conciencia como tu espíritu brota como manantial que se nutre del amor, hasta sentir a Dios en tu presencia. Sotén un momento tu respiración y trae a tu memoria con todos esos pensamientos y sensaciones que te lastiman y entrégaselas al amor que nutre tu espíritu. Exhala suavemente y descubre como tu aliento ahora trae pensamientos y sensaciones  cargadas de amor y de perdón. Mira como se convierten en palabras y obras de amor. Visualiza como llegan al mundo que tú habitas. Descubre fluyen tus ideas en palabras y acciones por tu casa, tu familia, tus plantas, como llegan a quienes te rodean, como  se envuelven en tu aliento cargado de amor.

Nuevamente inhala suave, sin prisa. Recoge el amor que se multiplica en la creación y se une con el amor que has entregado a la vida, llévalo suavemente hasta el fondo de tu conciencia y dale gracias a Dios de que eres un instrumento para entregar amor al mundo, para transformar con tu perdón. Entrégale a Dios, platicándole, las palabras duras y los actos difíciles que hayas recogido de ti mismo y otras personas, los pensamientos de desanimo que hayas encontrado y dile desde el fondo de tu alma. “Padre Nuestro”, al exhalar suavemente descubre el gozo de mirarte en el amor, la dicha de creer sin ver, de saber que “lo que de tu boca sale, de tu corazón proviene”.

Ahora lo sabes, en conciencia y para transformar en el amor con el perdón, puedes ir al encuentro con Dios cada vez que respiras

Sigue respirando suavemente, con los pies bien plantados en la tierra, descansa y anímate en el amor.

Autor entrada: Juan Manuel D'Acosta

Laico promotor y terapéita de Mision de Amor. Investigador de desarrollo de la espiritualidad en el conflicto. Lic. en Comunicación y postgrado en Psicoterapia de Pareja.

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