No te desanimes, eres un Amor.

Gracias por extender la Misión de Amor:

Alma mía, en tu duelo, tu carencia, tu desesperanza, al caminar desanimada. ¿a donde mira tu corazón? ¿hacia el cielo o la tierra? Si levantas la cabeza verás cuan grande es la misericordia del Señor y frente a ti verás su presencia, el camino, la verdad y la vida. Pero si tus ojos se clavan en la tierra dejaras de contemplarte en los milagros que el Señor hace en todo lugar del universo y tú eres un Amor del universo.

Eres un milagro del Señor, eres su Amor encarnado para extender su amor Amando. Al Amar al Señor recibes su Amor. Ese Amor que está sobre todas las cosas, que colma cada espacio en el infinito universo que vemos y en el que es invisible para nuestra mente ero que existe. Es el Señor el que ordena con su amor cada átomo, cada molécula, cada célula, cada organismo, cada espacio y materia del cuerpo donde viajas temporalmente.

Alma mía, aún en el pequeño pedazo de tierra que ves está el milagro del Señor. Respira profundamente y contempla el aire que entra ha tus pulmones, que se distribuye en todo tu cuerpo hasta el más lejano lugar de tu conciencia. Exhala suavemente y mira como todo tu organismo entrega los átomos y las moléculas de gas que desecha cada célula para llevarla hasta tu pulmones y salir en el gas que entregas en ese suave soplido. Contempla mirando cuantos milagro se expresan en cada respiración, en cada latido, en cada pensamiento y sentimiento, en cada persona que te rodea, en la naturaleza que te abraza en el viento que te abraza y lleva hasta las plantas para que lo transformen mientras que se nutren de la tierra, del planeta que mira a la luna y se calienta con el sol, estrella entre infinitas estrellas que guardan su espacio para que tu vuelvas a respirar.

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En todo ese universo tu has recibido la bendición del bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Alma Mía, desde tu bautizo eres uno en Cristo. ¿Que te puede inquietar? A ti ha llegado el reino del Padre Nuestro. Eres su voluntad de Amar en la tierra como en el cielo. Recibes el pan de cada día para compartirlo. Tienes el perdón de Dios para que lo extiendas en las ofensas que te entregan. En el Señor vences las tentaciones y el Señor te libra del mal y del Maligno.

Alma mía por el bautizo has recibido al Padre Nuestro, mírate heredero de su reino, Rey o Reina en pueblo de reyes, por la gracia de Dios Padre.

Alma mía, has recibido al Hijo Amado, mírate uno en Jesucristo, Sumo Sacerdote que nos unge como sacerdotes a hombres y mujeres.

Alma mía, has recibido al Espíritu Santo, Amor del Padre y el Hijo, Amor que se expresa en nosotros para que seamos profetas del Amor y lo extendamos por todo el mundo y le anunciemos al mundo que es un milagro y despertemos a los seres humanos entregándoles el Amor que os da el padre nuestro. Amando a nuestro prójimo como a nosotros mismo, recordándoles que somos un milagro de Amor.

Deja de agachar la cabeza y mira al cielo. Sé un Amor, pues es lo que eres en Verdad. Expresa el Amor que te anima, pues eres amor en la Vida. Ama pues es el camino en Cristo. El Señor se comparte en Cristo, el camino, la verdad y la vida. Ahora los sabe: Por el agua de tu bautizo en Cristo, eres Sacerdote, Profeta y Rey. El Rey de reyes no abandonará a sus reinos, aceptará todo sacrificios de debilidad y dolor para transformarlos en y por su Amor. Y guiará con sus palabras, las palabras y acciones de sus hijos, para que Amen y se gocen ser hijos del Amor. Alma mía, tu eres Amor del Señor, no dejes de dialogar en oración con Él, siempre, de cualquier cosa, en cualquier momento.

Mirate en las palabras de Dios en el relato de San Mateo 6,24-34.

Dijo Jesús a sus discípulos:

Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.

Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?

Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?

¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?

¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer.

Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos.

Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!

No se inquieten entonces, diciendo: ‘¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?’.

Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.

Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura.

No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.

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