Respira el Amor

Gracias por extender la Misión de Amor:

Alma Mía, de pronto temo fallar a la misión de amar que Dios nos ha encomendado. El temor de ser un ser humano que clama palabras vacías sin sustento en el Señor. Pues pedir que las personas vivan apoyándose unas a otras, siendo un sólo cuerpo en un sólo Señor. Parecen palabras de un anciano necio que busca ser parte de un mundo que lo ha rechazado. Es como si pidiera limosna de amor. Pero ese mundo parece estar más necesitado del Amor.

Alma mía, pídele al Señor que corrija con la presencia de su Espíritu la confusión que cubre la claridad de su propósito en mi vida.

Así pues, alma mía, medita. Lo primero es tomar conciencia de la respiración, al inhalar profundamente recibe el aire que gratuitamente te entrega el Señor. Permite que esta respiración te guíe hacia el fondo de tu cuerpo y descubras como el aire alienta a las células de tu cuerpo, hasta la más pequeña, hasta la más lejana. Sea la enferma o la sana, el cuerpo lleva la bendición a cada rincón y desde ahí recoge aquellos desechos que se unirán en tu exhalación.

Inhala y exhala suavemente, pero en conciencia, escucha como tu respiración se asemeja al sonido del mar llegando a la playa del mar. Suavemente llega y suavemente recoge y nutre. Inhala la bendición y exhala bendiciendo. Respira con gratitud la gracia que recibes y reconociendo la gracia que te renueva. Deja que la respiración sea el vehículo de tu conciencia y viaja en la bendición de inhalar y exhalar y descubrir como el aire es llevado por el viento hasta las hojas verdes que toman tu inhalación y la transforman en aire renovado.

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Al inhalar y exhalar sé uno con la verde expresión del Amor del Señor. Mira al viento dispersar y conducir el aire que respiras. Respiras también humedad que luego se une a ambiente y se suma a pequeñas gotas de roció que se sumarán en vapor, tal vez, hasta unirse con las nubes y luego en lluvia.

Alma mía, agradece que respiras, que inhalas bendiciones y exhalas también, pero observa que el aire también se lleva la expresión de tu espíritu. Tu respiración tranquila, lleva tranquilidad. Si, lo que exhalas también lo aportas al mundo que te rodea. Recuerda que es tu respiración en el mundo. Ahora siente como tu espíritu también se expresa en tu respiración. Alma mía, tu respiración también transforma el mundo, tus palabras y silencios viajan con tu respiración. Observa en tu conciencia el hecho de que, al respirar, transformas este mundo. ¿Cuantas palabras puedes construir con tu exhalación? ¿Cuánta paz y gozo puedes entregar al respirar?

Alma mía, observa como tu Espíritu de tu espíritu. El Espíritu Santo de la creación te ha preparado para que expreses su presencia. Eres expresión de Su Presencia de Amor. Inhala suavemente alimentándote de su presencia y exhala su presencia, así, respirando reconoce que cada ser es una expresión de amor, pero el ser humano entrega la bendición, la alabanza, el perdón, el ánimo, el camino, la verdad y la vida en cada respiración.

Gloria a ti Señor, que todo lo has hecho perfecto, ayúdame a que al respirar sea consciente del aliento del Amor de tu Espíritu Santo, te lo pido en nombre de tu hijo Jesucristo, nuestro Señor. Amen

Del Santo Evangelio según San Mateo 15 1-20

Unos fariseos y maestros de la Ley habían venido de Jerusalén. Se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los antepasados? No se lavan las manos antes de comer.»

Jesús contestó: «Y ustedes, ¿por qué quebrantan el mandamiento de Dios en nombre de sus tradiciones?

Pues Dios ordenó: Cumple tus deberes con tu padre y con tu madre. Y también: El que maldiga a su padre o a su madre debe ser condenado a muerte.

En cambio, según ustedes, es correcto decir a su padre o a su madre: Lo que podías esperar de mí, ya lo tengo reservado para el Templo.

En este caso, según ustedes, una persona queda libre de sus deberes para con su padre y su madre. Y es así como ustedes anulan el mandamiento de Dios en nombre de sus tradiciones.

¡Qué bien salvan las apariencias! Con justa razón profetizó Isaías de ustedes, cuando dijo:

Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.

El culto que me rinden no sirve de nada, las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres.»

Luego Jesús mandó acercarse a la gente y les dijo: «Escuchen y entiendan:

Lo que entra por la boca no hace impura a la persona, pero sí mancha a la persona lo que sale de su boca.»

Poco después los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado de tu declaración?»

Jesús respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. ¡No les hagan caso! Son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.»

Entonces Pedro tomó la palabra: «Explícanos esta sentencia.»

Jesús le respondió: «¿También ustedes están todavía cerrados?

¿No comprenden que todo lo que entra por la boca va al estómago y después termina en el basural?

En cambio lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que hace impura a la persona.

Del corazón proceden los malos deseos, asesinatos, adulterios, inmoralidad sexual, robos, mentiras, chismes.

Estas son las cosas que hacen impuro al hombre; pero el comer sin lavarse las manos, no hace impuro al hombre.»

Palabra del Señor. Gloria a ti Señor

(RDP)

Autor entrada: Juan Manuel D'Acosta

Laico promotor y terapéita de Mision de Amor. Investigador de desarrollo de la espiritualidad en el conflicto. Lic. en Comunicación y postgrado en Psicoterapia de Pareja.

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