La tercera comunión, recibir a Cristo en el prójimo

Gracias por extender la Misión de Amor:

La tercera comunión es la comunión de caridad.

Qué gran dicha inmerecida que te quedes en nosotros en el Santísimo Sacramento del Altar: Médico y medicina, puerta al cielo, pan de los ángeles, cirineo de nuestra Cruz, Amor de los Amores. Qué gran dicha recibirte resucitado, con tu divina majestad en cuerpo, sangre y divinidad, para convertirnos en custodias vivientes, en sagrarios vivos en nuestras vida.

Qué misericordia la tuya, para quienes no podemos recibirte, por no tener el vestido adecuado, insistes en que te recibamos resucitado en la comunión espiritual. La comunión del deseo más profundo. La comunion de buscar estar íntimamente en contacto contigo. Sobre todo, cuando enfrentamos nuestra debilidad y no sabemos cómo convertirnos, como regresar al camino de la gracia plena. Como servir. Y en ese momento, cuando te consagras, decirte con la mano en el corazón: «Señor mío y Dios mío», Jesús, hijo de David, si quieres límpiame». Y así platicarte: que te quiero recibir en tu preciosa forma del Espíritu Santo consolador, lleno de la presencia del Padre . Y descubrirte como Señor de la misericordia, con tu Sagrado Corazón, como niño del Sagrario a quien abro mi alma para que alcances mi vida y me conviertas en testimonio y expresión viva del Padre Nuestro.

Tú eres el Manantial Creador y una y otra vez nos bendices y nos insites que, para recibirte, tenemos que servir: como el sarmiento a la vid, como el cauce al río que llega al mar. Servir tu amor, entregarlo para alimentar el mundo de fe, esperanza y caridad.

Tú sabes que el manantial transforma los desiertos y la salvia hace crecer al grano de mostaza y que la levadura multiplica el pan. Sabes los más íntimos pensamientos, rencores y resentimientos, vanidades y debilidades.

Tu todo lo sabes, y lo has hecho bien, con amor, con paz y en libertad. Sabes que una pequeña luz convierte a las tinieblas, el arroyo convierte al desierto en un edén, el amor convierte la vida en un paraíso. Por eso me insistes en que extienda el amor a mi prójimo para permitir que tu luz resucitada limpie mis tinieblas. Por eso me pides que arrope al desvalido, visite al enfermo y solitario, que de comer y beber al hambriento, para que descubra en mi «Tu manantial de bondad» que hace el paraíso. Por eso me pides que reciba al niño en tu nombre y descubra como te multiplicas en la inocencia y en la docilidad de la voluntad del Padre. Servir, sirviéndote para extender el origen y el destino, para ser criaturas en tu crianza, criando tu creación. Así, sin juzgar bien o mal, convertirnos al paraíso en la tercera comunión. Señor, ayúdame a alimentarme de tu cuerpo y de tu sangre, de tu santo espíritu, pero sobre todo de la comunión con mis hermanos en el nombre de Dios Padre, Dios hijo y Dios espíritu Santo.

Como el río desatora las piedras en el cauce, así te quiero recibir: «Manantial creador de misericordia, amor, paz y bendiciones».

Amén

Autor entrada: Juan Manuel D'Acosta

Laico promotor y terapéita de Mision de Amor. Investigador de desarrollo de la espiritualidad en el conflicto. Lic. en Comunicación y postgrado en Psicoterapia de Pareja.

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