No he visto a mis hijos

Gracias por extender la Misión de Amor:

Un padre abandonado por su familia llegó ante el Santísimo Sacramento en el Sagrario, en oración a nuestro Señor, lleno de dolor decía: “Hace tiempo que no he visto a mis hijos”, el dolor profundo de estas palabras acompañadas de lágrimas, querían recibir el consuelo de la presencia de nuestro Señor. Sin Embargo, en el fondo de su corazón sintió una voz que le decía: YO TAMPOCO HE VISTO A MIS HIJOS.

¿Cómo era posible tal dolor en Dios? El Rey de reyes, amor de los amores, quien toda la creación nos ha entregado, sufriera porque no ha visto a sus hijos. Por ellos se encarnó, padeció, murió, resucitó y regresó para guiarnos con los misterios de los Sacramentos hasta su casa, pero los hijos no iban a su encuentro.

Nuestro Señor le compartía al padre abandonado un poco del inmenso dolor que siente al estar presente en el Sagrario, preso del amor que nos tiene. Aquél hombre comprendió que el abandono que sufría podría estar justificado por su errores durante la vida. Pero ¿qué justificación hay para abandonar al padre bueno y misericordioso?

Si la madre les dio luz en la tierra, el Padre Nuestro quiere darles la gracia de la luz plena del cielo, sin embargo no parece ser suficiente para los hijos. Cuando se ha visto que el Padre Nuestro dé pensión alimenticia. Que compre los útiles escolares, que los haya vestido, les de techo, les compre sus gustos. Que los acompañe a su escuela. Que los abrace. Nunca se ha visto con los ojos, pero siempre lo ha hecho desde el Espíritu Santo.

¿El Padre Nuestro a ojos de la ley humana debe expulsarse del hogar?

La razón esta despierta, los sentimientos presentes, pero el espíritu está esperando nacer. ¿De qué te sirve tener confort en el cuerpo, mente y corazón si no tienes el espíritu de amor? ¿Es acaso más importante tu nacimiento a la vida que nacer al espíritu?

Si tu padre te guía hacia el despertar de tu espíritu, pero no te alimenta, ni viste, ni da techo, está justificado abandonarlo. Parece ser que la única casa que tendremos después de la muerte es la tierra que tanto poseemos.

Pobre Padre Nuestro te das cuenta que el renacer en el Espíritu y alcanzar el cielo parece una meta olvidada y muy poco valiosa.

Perdón Señor somos humanidad que ha caído en el suelo de la tierra y la adoramos, olvidando que somos semillas de amor que Tú has sembrado en esta tierra para bendecirla con frutos de abundante amor al hacer renacer tu Espíritu Santo, con la gracia de nuestro Señor Jesucristo.

En el templo donde está tu presencia escucharemos YO TAMPOCO HE VISTO A MIS HIJOS y sabremos cuanto dolor infinito tenemos que consolar, cuanta misericordia y amor nos tienes. Un poco de conciencia de tu amor en nosotros bastaría para darle sentido a tu sacrificio, a la guía de tu Espíritu Santo en esta tierra, en este valle de lágrimas. Madre Mía, Madre del cielo, muéstranos a Jesús y ruega por nosotros pecadores.

Aquel padre pecador decidió buscar y llevarle a los hijos del Padre Nuestro.

Autor entrada: Juan Manuel D'Acosta

Laico promotor y terapéita de Mision de Amor. Investigador de desarrollo de la espiritualidad en el conflicto. Lic. en Comunicación y postgrado en Psicoterapia de Pareja.

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