Gracias por extender la Misión de Amor:

Oremos. Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

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novenario9Por la Señal, etc.

V. Hemos venido a rezar por el difunto (a) N……

TODOS: En tus manos, Señor, encomiendo su espíritu.

V. Estamos seguros de haber pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos (1 Juan 3,14).

TODOS: En tus manos, Señor, encomiendo su espíritu.

V. Aunque camine por lugares oscuros, nada temo, porque Tú estás conmigo (Salmo 22,4).

TODOS: En tus manos, Señor, encomiendo su espíritu

V. Oremos

Señor nuestro, que eres amor; recibe en tu presencia a tu hijo (a) N…. a quien has llamado de esta vida. Perdónale todos sus pecados, bendícelo (a) con tu luz y paz eternas, levántalo (a) para que viva siempre con todos tus santos en la gloria de la resurrección. Por Cristo Nuestro Señor.

TODOS: Amén-

V. ¡Señor mío, Jesucristo!, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amen.

LECTOR Señor mío Jesucristo, cuyos méritos son infinitos y cuya bondad es inmensa: mira propicio a tus hijos que gimen en el purgatorio anhelando la hora de ver tu faz, de recibir tu abrazo, de descansar a tu lado y; mirándolos, compadécete de sus penas y perdona lo que les falta para pagar por sus culpas. Nosotros te ofrecemos nuestras obras y sufragios, los de tus Santos y Santas; los de tu Madre y tus méritos; haz que pronto salgan de su cárcel y reciban de tus manos su libertad y la gloria eterna.

De las Cartas de san Braulio de Zaragoza, obispo

[Carta 19: PL 80. 665-666)

CRISTO RESUCITADO. ESPERANZA DE TODOS LOS CREYENTES

Cristo, esperanza de todos los creyentes, a los que se van de este mundo los llama durmientes, no muertos, ya que dice: Nuestro amigo Lázaro duerme.

Y el apóstol Pablo no quiere que nos entristezcamos por los que se han dormido, pues nuestra fe nos enseña que todos los que creen en Cristo, según nos asegura el Evangelio, no morirán para siempre, ya que sabemos, por la luz de esta misma fe, que ni él murió, ni nosotros moriremos.

Porque el Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que durmieron en Cristo resucitarán.

Así pues, debe animarnos esta esperanza de la resurrección, porque volveremos a ver más tarde a los que ahora hemos perdido; basta sólo con que creamos en Cristo de verdad, es decir, obedeciendo sus mandatos, ya que en él reside el máximo poder de resucitar a los muertos con más facilidad que nosotros despertamos a los que duermen. Mas he aquí que, por una parte, afirmamos esta creencia y, por otra, por no sé qué Impresión del ánimo, volvemos a nuestras lágrimas, y el deseo de nuestra sensibilidad hace vacilar la fe de nuestro espíritu. ¡Oh miserable condición humana y vanidad de toda nuestra vida sin Cristo!

¡Oh muerte, que separas a los que vivían juntos, que, dura y cruel, arrancas de nosotros a los que nos unía la amistad! Tus poderes han sido ya aniquilados. Tu yugo implacable ha sido roto por aquel que te amenazaba por boca del profeta Oseas: ¡Oh muerte, yo seré tu muerte! Por esto podemos apostrofarla con las palabras del Apóstol: ¿Dónde está. muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muero te, tu aguijón?

El mismo que te venció nos ha redimido a nosotros, entregando su vida muy amada en poder de los malvados, para convertir a estos malvados en amados por él. Son ciertamente muy abundantes y variadas las enseñanzas que podemos hallar en las Escrituras santas, para consuelo de todos. Pero bástenos ahora la esperanza de la resurrección y el fijar nuestros ojos en la gloria de nuestro Redentor, en el cual, por la fe, nos consideramos ya resucitados, según dice el Apóstol: Si verdaderamente hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.

No nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a aquel que nos rescató, a cuya voluntad ha de estar siempre sometida la nuestra, tal como decimos en la oración: Hágase tu voluntad. Por esto, con ocasión de la muerte, hemos de decir como Job: El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor. Repitamos ahora estas palabras de Job y así este trance por el que ahora pasamos hará que alcancemos después un premio semejante al suyo.

Responsorio     1Ts 4, 13-14; Jr 22, 10

R. No os aflijáis por la suerte de los difuntos, como los hombres sin esperanza. * Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con él.
V. No lloréis por el muerto, ni os lamentéis por él.
R. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con él.

V. Dirige, Señor Dios mío, a tu presencia sus pasos.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

V. Dale, Señor, el descanso eterno y luzca para ellos la luz eterna.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

Padrenuestro.

V. De la puerta del infierno

R. Saca, Señor, sus almas.

V. Descansen en paz.

R. Amén.

V. Señor, oye mi oración.

R. Y llegue a ti mi clamor.

10 ave maría y Gloria  o Rosario

Conclusión

Oh María, Madre de misericordia: acuérdate de los hijos que tienes en el purgatorio y, presentando nuestros sufragios y tus méritos a tu Hijo, intercede para que les perdone sus deudas y los saque de aquellas tinieblas a la admirable luz de su gloria, donde gocen de tu vista dulcísima y de la de tu Hijo bendito.

Oh glorioso Patriarca San José, intercede juntamente con tu Esposa ante tu Hijo por las almas del purgatorio.

Oremos. Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

V. Dales, Señor, el descanso eterno.

R. Y luzca para ellos la luz perpetua.

V. Descansen en paz.

R. Amén.

 

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