Novenario para difuntos 6º día

Gracias por extender la Misión de Amor:

Alma mía. Saluda al Señor. Él llega a nuestro encuentro dándonos su misericordia, perdón y toda clase de bendiciones. Está presente en este momento, cuando he llegado a este tiempo de oración, Dios está presente, esperándome. Dios siempre llega antes que yo, deseando contactarse conmigo como el mejor de mis más íntimos amigos.

 

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Por la Señal, etc.

V. Hemos venido a rezar por el difunto (a) N……

TODOS: En tus manos, Señor, encomiendo su espíritu.

V. Estamos seguros de haber pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos (1 Juan 3,14).
novenario6TODOS: En tus manos, Señor, encomiendo su espíritu.

V. Aunque camine por lugares oscuros, nada temo, porque Tú estás conmigo (Salmo 22,4).

TODOS: En tus manos, Señor, encomiendo su espíritu

V. Oremos

Señor nuestro, que eres amor; recibe en tu presencia a tu hijo (a) N…. a quien has llamado de esta vida. Perdónale todos sus pecados, bendícelo (a) con tu luz y paz eternas, levántalo (a) para que viva siempre con todos tus santos en la gloria de la resurrección. Por Cristo Nuestro Señor.

TODOS: Amén-

V. ¡Señor mío, Jesucristo!, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amen.

LECTOR: Señor mío Jesucristo, que quisiste que honrásemos a nuestros padres y parientes y distinguiésemos a nuestros amigos: te rogamos por todas las ánimas del purgatorio, pero especialmente por los padres, parientes y amigos de cuantos hacemos está novena, para que logren el descanso eterno.

De las Disertaciones de san Anastasio de Antioquía, obispo

(Disertación 5, Sobre la resurrección de Cristo. 6-7. 9: PG 89, 1358-1359. 1361-1362)

CRISTO TRANSFIGURARA ESTE MISERABLE CUERPO NUESTRO

Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos. Pero Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Por tanto, los muertos, de los cuales es Señor aquel que volvió a la vida, ya no están muertos, sino que viven; y por esto domina sobre ellos la vida, de modo que viven ya sin temor a la muerte, del mismo modo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere.

Así pues, resucitados y liberados de la corrupción, ya no volverán a experimentar la muerte, sino que tendrán parte en la resurrección de Cristo, como Cristo tuvo parte en la muerte por la que pasaron.

Por esto precisamente bajó Cristo a la tierra, que estaba sujeta con cerrojos eternos: para destrozar las puertas de bronce y quebrar los cerrojos de hierro, y para sacar nuestra vida de la corrupción, cambiando nuestra esclavitud en libertad.
y si este plan de Dios no lo vemos todavía realizado del todo, ya que los hombres continúan muriendo y sus cuerpos sujetos a la disolución del sepulcro, ello no ha de ser motivo de engaño, pues poseemos ya las arras y primicias de todos estos bienes que hemos dicho; gracias a ellas. hemos subido ya al cielo y nos hemos sentado con aquel que nos ha llevado consigo a las alturas. como dice Pablo en una de sus cartas: Nos resucitó con él y nos hizo sentar en los cielos con Cristo.

La plena realización tendrá lugar cuando llegue el momento determinado de antemano por el Padre, cuando dejaremos ya de ser niños y llegaremos al estado de hombre perfecto. Así ha parecido bien al Padre de los siglos, para que su don permanezca estable, sin el peligro de ser menospreciado por una mentalidad todavía inmadura.

No es necesario demostrar que el cuerpo del Señor resucitó espiritualizado, ya que Pablo, hablando de la resurrección de los cuerpos, afirma claramente: Se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual, es decir, un cuerpo transfigurado a imitación de la gloriosa transfiguración de Cristo. nuestro guía y predecesor.

El Apóstol, en efecto. bien enterado de esta materia, nos enseña cuál sea el futuro de toda la humanidad. gracias a Cristo, el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo.

Por tanto, si la transfiguración es una transformación en cuerpo espiritual. si este cuerpo espiritual es a semejanza del cuerpo glorioso de Cristo, de ahí se sigue que Cristo resucitó con un cuerpo espiritual; y este cuerpo es el mismo que fue sembrado en vileza, el mismo que ha sido cambiado en un cuerpo lleno de gloria.

Y habiendo colocado junto al Padre este cuerpo glorificado como primicias de nuestra naturaleza, allí colocará también el universo en su totalidad, tal como prometió cuando dijo: Cuando yo sea levantado, atraeré a todos hacia mí.

Responsorio     Jn 5, 28-29; 1Co 15, 52

R. Los que están en el sepulcro oirán la voz del Hijo de Dios. * Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal a una resurrección de condena.
V. En un Instante. en un abrir y cerrar de ojos, al toque de la última trompeta, los muertos despertarán
R. Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de condena.

V. Dirige, Señor Dios mío, a tu presencia sus pasos.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

V. Dale, Señor, el descanso eterno y luzca para ellos la luz eterna.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

Padrenuestro.

V. De la puerta del infierno

R. Saca, Señor, sus almas.

V. Descansen en paz.

R. Amén.

V. Señor, oye mi oración.

R. Y llegue a ti mi clamor.

10 ave maría y Gloria  o Rosario

Conclusión

Oh María, Madre de misericordia: acuérdate de los hijos que tienes en el purgatorio y, presentando nuestros sufragios y tus méritos a tu Hijo, intercede para que les perdone sus deudas y los saque de aquellas tinieblas a la admirable luz de su gloria, donde gocen de tu vista dulcísima y de la de tu Hijo bendito.

Oh glorioso Patriarca San José, intercede juntamente con tu Esposa ante tu Hijo por las almas del purgatorio.

Oremos. Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

V. Dales, Señor, el descanso eterno.

R. Y luzca para ellos la luz perpetua.

V. Descansen en paz.

R. Amén.

 

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