¿cómo hago para pedir su auxilio? lo he intentado y no sé si me escucha o no.

Gracias por extender la Misión de Amor:

Consulta: Ya no se que hacer, estoy al borde de la locura, ya no sé si Dios me escucha. Tengo tantas deudas que sólo un milagro de Dios me salvaría. Se que soy pecadora y, que tal ves, por eso no me escucha. ¿cómo hago para pedir su auxilio? lo he intentado y no sé si me escucha o no.

Respuesta: La oración es un dialogo y en el diálogo uno comparte y el otro escucha, para luego responder. Una cosa es cierta, Dios siempre nos escucha y conoce cada pensamiento por más profundo y escondido que lo hayamos escondido. Sabe de todas nuestras acciones, pues nunca nos ha abandonado. Reconoce nuestro estado de ánimo pues se expresa en nuestro ánimo. Como Padre amoroso, reconoce nuestras necesidades, debilidades y adversidades. Siempre nos escucha y acompaña, pero es triste que lo ignoremos la mayor parte del tiempo y en las grandes alegrías y las grandes angustias y dolores es cuando volteamos nuestra voz hacia el Señor.

Muchas veces, cuando le hablamos a Dios, no le damos el espacio a nuestra consciencia para escucharlo. El ruido del ambiente, nuestra mente, emociones y dolores hacen interferencia. Exaltamos nuestra voz y pensamientos pensando que así llegarán hasta el cielo. Pero la buena noticia es que el Señor está con nosotros más presente que nuestra propia existencia, pues es nuestro origen, camino y destino.

Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo he estado con vosotros, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: “Muéstranos al Padre? (Juan 14:9)

Es literalmente un infierno mirarse lejos de Dios y creer que nunca estaremos en su presencia por causa de nuestras bajezas y las acciones que realizamos contra el Amor. El adversario siempre te dirá que tus pecados te hacen indigno de que te acerques a Dios, ni siquiera con el pensamiento. El adversario odia que alabemos al Señor, que aceptemos su presencia y creamos en su infinita misericordia.

Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre.(1 Juan 2:23)

El Señor se ha encarnado por quienes hemos obrado contra el Amor y nos hemos separado del camino, la verdad y la vida. Ha venido por quienes estamos muertos en vida, llenos de temor, rencores y resentimientos. De deseos terrenales que nos desvían la vista del cielo, de su hogar, nuestro hogar.

El Señor nos dice: “Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y HALLARAN DESCANSO PARA SUS ALMAS.(Mateo 11:27-29).

Las respuestas en nuestra alma

Ir al Señor es la dirección correcta de nuestra consciencia. La primera respuesta que obtendremos del diálogo con nuestro Señor es la alegría de reconocer su presencia, la segunda respuestas que encontramos es la paz que descubrimos al encontrarlo y la tercera respuesta es el descanso en su presencia. Dios es Amor, así que descubriremos el Amor en su más plena expresión.

Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen, de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también me es necesario traerlas, y oirán mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor” (Juan 10:14-16)

Seguramente nuestra mente seguirá insistiendo en que necesita razones para contestar a la adversidad que enfrentamos en la tierra. Nuestra emoción seguirá pidiendo sentir que todo va a estar bien y nuestro cuerpo seguirá doliente esperando la salud. La gente te preguntará como a Jesús:

“Entonces Le decían: “¿Dónde está Tu Padre?” “Ustedes no Me conocen a Mí ni a Mi Padre,” les respondió Jesús. “Si Me conocieran, conocerían también a Mi Padre.”(Juan 8:19)

¿Cómo reconocerlo?

Donde esta tu Dios estará tu consciencia y en tu consciencia hablará el Señor. Pero necesitamos callarnos, tener la seguridad de que estamos invocándolo (fe) y esperar la respuesta (esperanza), el milagro de la expresión de su Amor (caridad).

“¿Por qué ustedes Me llaman: ‘Señor, Señor,’ y no hacen lo que Yo digo? Todo el que viene a Mí y oye Mis palabras y las pone en práctica, les mostraré a quién es semejante: Es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó hondo y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el torrente dio con fuerza contra aquella casa, pero no pudo moverla porque había sido bien construida. Pero el que ha oído y no ha hecho nada, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin echar cimiento; y el torrente dio con fuerza contra ella y al instante se desplomó, y fue grande la ruina de aquella casa”. (Lucas 6:46-49)

El Señor no es nuestro criado a quien le ordenamos, ve y resuelve. Pues entonces haría nuestra voluntad y seríamos sus amos. Somos sus Hijos, por eso nos enseñó a decir “Padre Nuestro”. En nuestra consciencia ¿Nos sentimos hijos amados? O escuchamos al adversario de que somos huérfanos. Reconocemos que es padre de todos nosotros, de amigos y enemigos. O escuchamos al adversario que nos ignora porque sólo a aquellos que se portan bien les hace caso.

Escucha, aprende y reconoce que cuando pides el milagro, su expresión de Amor, el Padre Nuestro nos responderá como un Padre bueno y misericordioso que quiere que hagamos su voluntad de Amar, perdonemos, aprendamos la lección y no volvamos a caer. Pero el milagro que le pides en nombre de Jesús, lo concede.

Que humildad del Señor al pedirnos que creamos en el creador que se encarna para transformar la adversidad y bendecirnos, para que transformemos y bendigamos en su Amor  y decirle Padre Nuestro y le creamos. Esta es su palabra

Y Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios Te lo concederá. “Tu hermano resucitará,” le dijo Jesús (Juan 11:21-23)

Créanme que Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí; y si no, crean por las obras mismas. En verdad les digo: el que cree en Mí, las obras que Yo hago, él las hará también; y aun mayores que éstas hará, porque Yo voy al Padre. Y todo lo que pidan en Mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si Me piden algo en Mi nombre, Yo lo haré (Juan 14:11-14)

Aquello que has pedido en nombre de Jesús, si es la voluntad del Padre Nuestro, lo hará. Cree, es palabra de Dios. Ahora, con alegría, paciencia y mansedumbre, hazte acompañar de alguien y ve visitar la casa de los cargados y cansados. Y ahí, pide al Señor que sea la paz en ese hogar y diles que el Padre nuestro que está en los cielos está siempre cerca de nosotros.

Vive la buena noticia, como la relata San Lucas (10,1-9)

El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.

Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.

¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.

No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’.

Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.

Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.

En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’.

Autor entrada: misiondeamor

Laico promotor y terapéita de Mision de Amor. Investigador de desarrollo de la espiritualidad en el conflicto. Lic. en Comunicación y postgrado en Psicoterapia de Pareja.

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