Padre muere para salvar a sus hijos

Gracias por extender la Misión de Amor:

Señor tu Espíritu de Amor de Dios Padre es tan grande que pagaste por nuestra deuda, muriendo en la vida de tu Hijo. Tú siendo Dios, con amor de Padre hacia nosotros, aceptaste encarnarte para asumir nuestra naturaleza humana y así vivir igual a nosotros, menos en el pecado.

Una sola gota de tu sangre hubiera bastado para lavar los pecados de toda la humanidad; pero tu Pasión de Cristo fue un manantial que derramó salvación. Poco a poco desde tu prendimiento, flagelación, coronación de espinas, tu camino al calvario y crucifixión, hasta dar la última gota de tu sangre cuando tu costado fue traspasado, triunfante así de una vez y para siempre sobre el pecado y sobre la muerte. Nos acostumbramos a verte Cristo en la Cruz y perdemos la dimensión de lo que significa que Tú, nuestro Dios, hayas padecido por nosotros. Al ver el crucifijo estático, olvidamos el intenso dolor que en el cuerpo de Jesús soportaste por 6 horas, desde que fuiste clavado hasta que expiraste. Todo por mí, por nuestra salvación… Con amor infinito para que “no se pierda ninguno” (Jn 6, 39).

ORACIÓN

Jesús, dame la gracia de poder contemplar tu Pasión con ojos siempre abiertos al asombro del amor infinito que hay detrás de todo tu sufrimiento. No permitas que olvide lo que te ha costado mi salvación. Te lo pido en tu nombre, Jesucristo, Amén

Encarna el Amor, cultiva esta flor de Amor

1) ✝ Hoy contemplaré a Cristo en la cruz. Delante de un crucifijo, me quedaré en silencio, sin articular o pensar en palabras, simplemente meditaré en su Pasión; miraré con detenimiento sus heridas durante unos momentos, pensando que ÉL soportó esa tortura por 6 horas.

Escucharé cómo desde ahí me dice.

Al inhalar: “Te amo, lo volvería a hacer sólo por ti”

Al exhalar responderé: “Gracias Señor, aquí estoy… yo también te amo”.

“Miren cómo se manifestó el amor de Dios entre nosotros: Dios envió a su Hijo único a este mundo para que tengamos vida por medio de ÉL. En esto está el amor: no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amo primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos mutuamente”. 1ra. Carta de Juan 4, 9-11

Autor entrada: misiondeamor

Laico promotor y terapéita de Mision de Amor. Investigador de desarrollo de la espiritualidad en el conflicto. Lic. en Comunicación y postgrado en Psicoterapia de Pareja.

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