La tristeza y el dolor por la muerte de un ser querido

Gracias por extender la Misión de Amor:

En el sepulcro miramos la ausencia del espíritu que anima al cuerpo. Cuando dejamos el sepulcro de un ser querido, nuestra mente nos dicen que lo estamos abandonando. Este pensamiento nos provoca emociones de tristeza y dolor. Sin embargo, nuestro espíritu mira esta realidad de otra forma, pues el espíritu sabe que la muerte es la separación del cuerpo.

Alguien nos consultaba sobre ¿cómo ayudar en un momento de tristeza y dolor al perder a la mamá?

El evangelio nos guía en el duelo del fallecimiento y la buena noticia es: que la mamá no está en el sepulcro, su espíritu está con el Señor. “Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. (Rm 6,6-8)”. Es decir: Quien muere en Cristo, en Cristo está.

El duelo es el paso, en nuestra conciencia, entre mirar el sepulcro y reconocer la resurrección. Todos nosotros somos un espíritu encarnado en la tierra y tu madre es un espíritu en la resurrección.

El duelo cesa cuando ocurre el dulce reencuentro con la madre, no con el lenguaje del cuerpo, sino con el lenguaje del espíritu. El espíritu se expresa en el Amor. Al cesar duelo sentirás como el Amor te reúne con ella. Pues en el Espíritu Santo todos somos uno. El Espíritu Santo es el Amor que une al Padre con el Hijo y el Hijo con nosotros. Tu oración es una reunión con el Espíritu Santo, desde tu espíritu. Al orar descubres el lenguaje del Espíritu Santo en el Amor.

El espíritu se desencarna, pero no muere. Tu mente no lo entenderá, ni tus emociones darán respuesta. Es tu espíritu el que contiene esa revelación y te guiará en el Amor

Sean tus oraciones el puente para descubrir el Amor, Dios es Amor y tu madre y tu son expresión de amor. El amor no muere, es fuente de vida, es el camino y la verdad.

En la epístola I de San Juan (1,1-4) dice:

Queridos hermanos: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos. Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y les anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado. Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos también a ustedes, para que vivan en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Les escribimos esto para que nuestra alegría sea completa.

Medita también el testimonio de la buena noticia según San Juan (20,2-8) que ocurre en el sepulcro.

El primer día de la semana, María Magdalena corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.

Estas son las lecturas con la palabra de Dios. Dios te bendice, escucha su llamado y guía, descubre el dulce reencuentro y acúnate en sus brazos. Pues Dios, siempre está atento a darte respuesta, con su providencia y su palabra viva.

Autor entrada: misiondeamor

Laico promotor y terapéita de Mision de Amor. Investigador de desarrollo de la espiritualidad en el conflicto. Lic. en Comunicación y postgrado en Psicoterapia de Pareja.

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