Alma: Esposa de Cristo

Hoy preparare una despensa para entregarla en la iglesia, pensando que me gustaría recibir si fuera para mi

Cristo no fue prestamista, porque no encontró entre los judíos a persona alguna a la cual prestar la suma de su doctrina; y nadie le prestó a El, porque no quisieron multiplicar con las buenas obras el tesoro de sus enseñanzas.

¿Por qué, pues, nosotros, tan miserables, nos alejamos de El y nos olvidamos de El por tan largo tiempo? Pero el alma, esposa de Cristo, virgen por la fe y la caridad, no puede olvidarse de su ornamento, o sea, del amor divino, del cual se halla como adornada, ni del cinturón de su pecho, o sea, de la conciencia pura, con la que se siente tranquila.

San Antonio de Padua

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