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El celo del Corazón de Jesús es un fuego que no consume, sino que impulsa. Él vivió para glorificar al Padre y salvar a cada alma. Si hoy te sientes tibio, cansado o distraído, pide una chispa de ese fuego divino. Su Corazón puede encender el tuyo y convertir tu vida en una ofrenda viva.
“El Corazón de Jesús desea ardientemente ser amado y dado a conocer. Quien se entrega a su amor participa de su celo por las almas.” — (Pensamiento de Santa Margarita María, síntesis de sus cartas)
¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estás vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos tienes en tu presencia, pidiéndote perdón de nuestras culpas e implorando tu misericordia. Nos pesa, ¡oh buen Jesús!, haberte ofendido, porque eres tan bueno que no mereces nuestra ingratitud. Concédenos luz y gracia para meditar tus virtudes y formar, según ellas, nuestro pobre corazón. Amén.
I Será hoy objeto de nuestra meditación el celo del Sagrado Corazón de Jesús.
El celo es un deseo ardiente de la gloria de Dios y de la salvación de las almas, acompañado de una actividad constante para alcanzarlas.
¿Quién podrá medir el celo del Corazón de Jesús?
Un solo pensamiento lo movía día y noche: glorificar al Padre y salvar al mundo.
Si predica, si obra milagros, si camina largas jornadas, si se sienta a la mesa con pecadores, si se transfigura en el Tabor o se deja aplastar en el Calvario… todo responde a un mismo plan: la gloria de Dios y la redención del hombre.
Su celo lo hacía hablar de sus sufrimientos como de triunfos. Cuando subía a Jerusalén para morir, los discípulos se admiraban de su paso apresurado: era su celo ardiente que lo atraía hacia la cruz.
Medítese unos minutos.
II ¡Qué contraste entre ese celo ardoroso del Corazón de Jesús y la frialdad del mío!
También mi corazón se mueve, se agita, se enciende… pero ¿es por la gloria de Dios? ¿es por el bien de mis hermanos? ¿o es por intereses propios, por orgullo, por vanidad?
¿Qué hago por la honra divina? ¿Cómo siento sus injurias? ¿Me esfuerzo en evitarlas o repararlas?
Si mis intereses estuvieran tan amenazados como lo están los de Dios, ¿estaría tan tranquilo?
¡Ojalá no sea yo de los que, con su tibieza y malos ejemplos, contribuyen a la deshonra de la fe y a la ruina de las almas!
¡Oh Señor! Dame una chispa de ese fuego que consumió tu Corazón. Quiero sentir como Tú la pasión de tu gloria.
Con mi palabra, mi conducta, mis relaciones, mis recursos, mi oración… quiero trabajar para que seas más amado y glorificado.
Medítese y pídase la gracia particular.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).
En «Reflejos del Corazón Divino», nos sumergimos en una recopilación de himnos y plegarias que elevan nuestras voces y corazones hacia el Sagrado Corazón de Jesús de Divina Misericordia y el Dulce Corazón de María. A través de las experiencias de Sta. Margarita de Alacoque, exploramos la devoción y el amor hacia estos dos corazones, que han sido una fuente inagotable de bondad, misericordia y consuelo para la humanidad.
Desde el Invitatorio, somos convocados a acercarnos con humildad y reverencia a estos sagrados corazones, abriendo nuestras almas a la gracia divina que nos ofrecen. En el Prefacio, encontramos palabras de alabanza y reconocimiento a la grandeza de estos corazones y su papel fundamental en nuestra vida espiritual.
La Consagración nos invita a entregar completamente nuestras vidas a estos corazones divinos, confiando en su poder y misericordia para guiarnos y protegernos. A través de las Revelaciones, descubrimos los mensajes y enseñanzas revelados por el Sagrado Corazón de Jesús y el Dulce Corazón de María, revelando su amor incondicional y su deseo de nuestra conversión y salvación.
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