Quiero compartir una anécdota que me ocurrió en el taller del perdón. Hace meses llegó «Raul» un hombre abatido diciéndome:
-Quiero encontrar el Perdón, me secuestraron a mi hija y a mi durante un mes y medio, a mi hija le cortaron un dedo, me dejaron sin nada, sólo con la vida. No puedo perdonar a quienes me secuestraron y quiero ir a matarlos. Ya busqué sicarios para pedirles que me ayuden a matarlos.

