
Ya se acerca el mes de noviembre, en el que la Iglesia celebra, el día 2, la fiesta de los fieles difuntos.
Todos conservamos siempre vivo el recuerdo de nuestros seres queridos que se nos han adelantado para ir a la casa del Padre. La Iglesia, a través de la oración y la Santa Misa de sufragio, nos permite vivir unidos espiritualmente a ellos, y renueva en nosotros la certeza de que nuestra vida no termina en esta tierra.
Con este pensar, con gusto hago una novena para rezarla durante los nueve días previos a la fiesta de los Fieles Difuntos, el rezo del rosario, y una intención especial, en la Santa Misa el día 2 de noviembre.








Cuando comenzamos la peregrinación al templo de Cocoyotla, durante este retiro, caminando en su búsqueda. Muchas cosas ocurrieron: El “Angelus” nos inició la actitud de esperar en Dios. Caminamos meditando con la frase “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros” Tomamos veredas y empezamos a tomar conciencia de que “estás presente entre todas las cosas”: Frente al arroyo o la semilla de la guanábana, la flor silvestre o el cultivo y los campesinos. Estás en el camino y descubres caminantes, que sueñan, que piensan, que buscan la paz y el amor. No todos los que caminan peregrinan, algunos lo hacen sólo para trasladarse. Otros se han detenido en la sombra de una huerta y prefieren dejar pasar el tiempo, tal vez en una jugada de amigos.