
En el bosque de la vida se necesitan de los senderos o caminos para transitar de un lado al otro. Las palabras en la oración hacen el sendero que va al fondo de corazón y traen todas esas provisiones que sólo habitan en lo más íntimo de nuestra intimidad. El sendero de las palabras recorre desde nuestra confusa atención hasta el origen de nuestro espíritu, donde recibimos la conciencia de bendición y el arropo amorosos del Padre Nuestro. Este sendero pasa por la finca de nuestro corazón, con su huerta y los frutos que entregamos- Así llega a la ciudad de nuestros pensamientos y sentimientos, donde desfilan órdenes y conceptos que hacen colonia, rumbo y camino.



Las vírgenes del cielo cuando supieron que iba a subir la Santísima Virgen, quisieron hacerle una túnica y fueron a preguntar a Señor San José, de qué color harían el vestido y dijo que blanco, entonces buscaron las más ricas telas, además finas piedras, hermosos lirios y azucenas.



