Oración ante la cruz por la pareja en la familia.

Hoy le llevaré ala Virgen la flor de los sacrificios que hago por mis hermanos desamparados.

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».  Santa María Madre de Dios y Santa María Magdalena, a los pies de la cruz ayúdenos a rogar por nuestra pareja y familia al Señor para que su sacrificio no sea en vano:

Señor Jesucristo de la misericordia, Salvación del alma infiel y débil. Abogado en el juicio y la condena entre hermanos. Rescatas a la humanidad de sus mundanas leyes de temor o rencor. Tu eres el Juez justo y tu salvación es encarnar el Amor. Tú eres el perdón del Padre Nuestro, el regalo más grande que la humanidad pueda encontrar en el universo.

Perdona mi infidelidad, haber consentido a mi debilidad, juzgar sin compasión, condenar para enaltecerme. Ejecutar y no levantar al caído. Perdón Señor, perdón.

Señor Jesús hijo del Espíritu Santo del Padre Nuestro. Que recibes nuestras lágrimas de dolor sincero y arrepentido por pecar contra tu Amor. Que recibes al alma desgraciada que pide tu clemencia y la abrazas como padre amoroso y alegre. Al ultimo lo levantas entre 100 justos que te alaban.

Te entrego mis lágrima, recibe el duelo arrepentido de mi desgracia al no vivir tu Amor .Señor mio y Dios Mío, una palabra tuya bastará para lavar mi culpa y extender dignamente tu perdón y perdonar.

Acepta Señor los ruegos que pido a tu Santa Madre y unida a Santa María Magdalena interceda por nosotros (se dice la petición). Que María Magdalena, la pecadora que salvaste con tu Amor, acompañe nuestra causa de redención y unión de pareja, familia y hermandad. Nos lleve a adorarte y contemplarte resucitado. Nos aconseje para recibir tu Espíritu Santo en la debilidad y la tentación, la infidelidad, la condena, el rencor, el temor, la soberbia y el egoísmo que nos separa de miranos uno en tu Amor.

Así unidos en oración seamos decirte:

“Padre Nuestro…”

Mantenernos unidos a María diciéndole “Dios te Salve maria…”

Juntos proclamar “Gloria al Padre y al Hijo y al Espiritu Santo, como era en u principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

Todo esto te lo pido Señor en nombre de Jesucristo nuestro Señor

Amén.

Medita en el Evangelio según San Juan 20,2-8.

El primer día de la semana, María Magdalena corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.
Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes.
Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró.
Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo,
y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte.
Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.

 

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