¿Cuál es el rumbo de tu vida…?

cual es el rumbo de tu vida

Trabajar… estudiar, tener familia, tener dinero… amar

Cada día detente unos minutos para meditar y contemplar en oración…el rumbo de tu vida

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Señor Dios, quiero ser dócil a Dios, dejarte obrar, que se haga tu divina voluntad. Te busco Señor en el Espíritu Santo que une al Padre Nuestro con Jesús está en mi…

Acepta

Te busco para aceptar la presencia de tu Amor en mi

Te busco para aceptar mi presencia en tu Amor

Te busco como un pequeño que llama a su padre en la oscuridad de un bosque

Padre Dios, Padre en Jesús nuestro Señor, Padre Nuestro, Padre en el Espíritu Santo que nunca me abandonas, que estoy en tu presencia. Que estas presente en mi.

Padre de Amor eterno, me miro en tu amor eterno.

Tu Amor es mi origen, eres mi creador. Eres la voluntad que me encarna, me guía, fortalece, consuela, protege, me sana y corrige mis errores. Soy el motivo de tu misericordia.

Tu Amor sólo quiere llevarme por el camino hacia tu plenitud. Señor me amas. Acepto que me amas. Acepto que me has entregado la misión de Amar con el Amor que me das y me sostiene en verdad.

Acepto que soy tu Amor y tu Amor es verdad y la verdad está en mí. En la verdad soy libre, la libertad del Amor está en mi. Decido por el camino, la verdad y la vida del Amor.

Dios mío, soy expresión de tu Amor, alma encarnada en esta tierra. Soy semilla de tu Amor sembrada en esta tierra para transformar tu creación con Amor.

Así como la misión de la semilla es transformar la tierra y crecer hasta florecer, dar frutos y ser el instrumento para entregar más semillas a la tierra

Así has sembrado conmigo y en mi tu semilla de Amor. Amor es lo que en verdad puedo dar, en verdad soy libre y en verdad soy un Amor. Soy libre cuando decido con tu Amor.

Señor, eres el sembrador, te entrego mis debilidades para que me fortalezcas.

Te entrego las heridas de mi pasado para que las sanes con el perdón con que me cultivas, para que sanes mis resentimientos y deseos vanos de venganza.

Entrego a tu perdón mis ofensas y las ofensas que recibí, me apropié y cultive como cizaña y espino, Ofensas que ahogan y sofocan tu amor, tu cultivo. Te confío a tu misericordia: mi maleza, mis desvíos, resentimientos y heridas del pasado

Jesús, te confío a tu misericordia también los juicios que me esclavizan, pues soy víctima, juez y verdugo atenta a que se cumpla cada letra de mi sentencia, que se enredan en mi crecimiento.

Jesús, te confío a tu misericordia los pensamientos que me inquietan, los celos que me enferman, los temores que me paralizan y deprimen. Que interfieren la altura y profundidad que tu esperas que alcance en tu Amor

Jesús, te confío a tu misericordia mi imaginación que me provoca ansiedad y los sueños que ocultan la paz con que me nutres.

Cuando siento paz descubro la presencia de tu Amor. Descubro mi espíritu enamorado de tu Espíritu Santo.

Sabes Señor yo creo que mi espíritu es como el pesebre donde te acunas, donde se anida tu Amor de Dios. Así, también en, mi se anida la plenitud de la purísima concepción de la Santísima Virgen María, la alegría de San José, la paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Mi espíritu es el pesebre donde estás tu, donde se encarna el Amor. Donde descubres que mi misión es acunar el Amor, que mi origen es la voluntad del Amor de Dios.

Cuando miro el pesebre de mi espíritu miro el camino del Amor de Dios, me miro en la voluntad de Dios y miro la voluntad de Dios en mi.

En el pesebre de mi espíritu está mi destino, pues estar presente en el Amor de Padre Nuestro es mi destino. Cuando en mi pesebre contemplo, el rumbo de mi destino veo que recibir a Jesús es la voluntad de Dios. El Amor en Jesús me muestra que el destino de toda humanidad es vivir el Amor en la casa del Padre Nuestro, en su creación, en todo lo visible e invisible, en su reino, en su voluntad.

Quiero mirar mi pesebre, quiero detener mis pensamientos que juzgan, condenan y separan. Pues en el pesebre está la misericordia que nos une y nos guía. En el pesebre recibo al Espíritu Santo que me habla. Está presente y mi presencia escucha el Espíritu Santo. Tu Espiritu Santo de Amor está recostado en mi y colma mi hambre y fortalece mi debilidad, consuela y remedia mi duelo, perdona mi ofensa y transforma con misericordia mis errores en bendición, sana mi malestar que contraría el bienestar del Amor.

Quiero mirar mi pesebre:

Apaciguo mi cuerpo con una posición cómoda para que no observe mi tu cuerpo… Espalda recta, plantas de los pies bien apoyadas, manos sobre las piernas… que se relaje, se afloje, se apacigüe.

Apaciguo mi mente pidiéndole que sólo invoque a Jesús y en Jesús confíe. Que sólo diga mentalmente: “Jesús en ti confío”

Apaciguo mis emociones respirando suave y profundamente como el mar calmo que llega a la playa. Al inhalar invoco diciendo Jesús y el exhalar confío.

  • Tomo aire: Jesús…
  • Suelto el Aire: en ti confió…
  • Dejo pasar el ruido sin prestarle atención.
  • Dejo pasar los pensamientos sin detenerme a observarlos.
  • Dejo pasar el dicho de las personas, sin juzgar.
  • Dejo de pensar en mis sueños
  • Apaciguo mi imaginación
  • Me miró presente en la voluntad del Amor.
  • Dejo de entretenerme en el mundo para presenciar la gloria del Amor de Dios. Para aceptar que estoy presente en la gloria del Amor y la voluntad de Dios.
  • Asienta tu consciencia en el pesebre donde el Amor de Dios se acuna, te bendice y se anida en ti.
  • “Jesús en ti confío” mi pesebre a tu Amor
  • “Jesús en ti confío” la paz
  • “Jesús en ti confío” mi voluntad de Dios
  • “Jesús en ti confío” mis proyectos.

Dile como la Santísima Virgen María “hágase tu voluntad…” para que se construyas proyectando desde Dios, desde la voluntad del Amor.

¿quién como Dios? Dios creador, Dios hecho humanidad, Dios enamorado de la humanidad

“Jesús en ti confío” el ruido, confío a tu voluntad el ruido que me aparta

“Jesús en ti confío” el ruido de mis preocupaciones sobre lo que pasará, confío que estas presente con Jesús

“Jesús en ti confío” el ruido de mis heridas y resentimientos

“Jesús en ti confío” la ofrenda del ruido de las molestias y padecimientos de mi cuerpo.

“Jesús en ti confío” lo que dice la gente

“Jesús en ti confío” lo que piden

“Jesús en ti confío” lo que juzgan

“Jesús en ti confío” lo que ofenden.

“Jesús en ti confío” las almas de mis difuntos y de las ánimas del purgatorio por quienes pueda interceder, dales a luz perpetua, que descansen en paz

“Jesús en ti confío” la maleza que he aceptado.

“Jesús en ti confío”La maldad que he realizado

“Jesús en ti confío” el egoísmo que he preferido alimentado.

“Jesús en ti confío” Que mis errores contra el amor no sean un muro que me separa del pesebre de tu Amor.

“Jesús en ti confío” Que mis errores y debilidades sea lo que me une a ti.

Creo en tu misericordia con la que esperas crear en mi

Tu misericordia Señor cree en mi

Tu misericordia está presente en mi pesebre para quitar los límites de tu egoísmo

Tu misericordia esta presente en mí para que comulgue con el Padre que es nuestro.

Tu Misericordia me ve. Pues siempre estás presente pues no eres ajeno a su creación

Me miras con Misericordia. Miro como se manifiesta tu misericordia y te acercas a mi, me abrazas, me tocas y tocas lo que me toca, caminas en mi camino, vives en mi vida.

Tu Misericordia viene a mi encuentro antes que mi nacimiento, antes que yo te búsque.

Me observas con misericordia. Eres Cristo que me observa y parece estar en silencio porque mi soberbia, mi egoísmo, mi aislamiento, mi vanidad… cubren tus observaciones

Quiero permitir que Dios exprese en mi sus observaciones… Su divina voluntad

Quiero su expresión de Amor en mi locura mundana

Quiero su expresión de Amor en la oscuridad del duelo

Quiero su expresión de Amor en la miseria y el error

Quiero su expresión de Amor en cualquier decisión

¡Quiero a tu Espíritu Santo en mi!

Tu Espíritu Santo en mi, invoca el Amor del Padre Nuestro

Tu Espíritu Santo en mi, es el Amor que me une al Padre Nuestro con la humanidad de Jesús.

Tu Espíritu Santo en mi, es el Amor que une la humanidad con Jesús.

Tu Espíritu Santo en mi, invoca la humanidad de Jesús.

Tu Espíritu Santo en mi Ilumina… mi historia, mis debilidades, mi camino, con tu infinito Amor

Tu Espíritu Santo en mi es el Amor de Dios que me cuida, me guía y me cuida.

Tu Espíritu Santo en mi Ilumina el mundo que habito.

Tu Espíritu Santo en mi es la presencia que aguarda, silenciosa y callada que entregue mi débil voluntad

Tu Espíritu Santo en mi espera para que me aceptes en la Creación de Amor

Tu Espíritu Santo en mi confía que confiarás en su voluntad.

Tu Espíritu Santo en mi es el Padre Nuestro que quiere que te decidas decidas a recibir en Cristo el abrazo de Amor

Tu Espíritu Santo en mi es un encuentro intimo con Dios.

Dios es el Amor

  • Empieza con Amor y descansa en el Amor ¡Nadie te lo impide!
  • Contempla a Dios en nuestra vida.
  • Eres hazaña de Dios 
  • ¿Que si te quiere? ¡Siempre! Eres su Amor

Alma mía el Señor está contigo pero has olvidado estar con el Señor. Has buscado respuestas en hombres que miran las estrellas. Has seguido a hombres que, cegados por su soberbia, quieren ser guía del pueblo extraviado. Acaso no te han dicho que: “si lo deseas con fuerza te será concedido”, olvidando anticipar que “primero Dios, lo que deseas te será concedido”.

Has conocido personas que dicen conocer los secretos ocultos para la felicidad, olvidando que el Señor nunca se oculta y el gozo es uno de tantos frutos y regalos de su Espíritu.

Alma mía, somos uno en el Señor y e l Señor está con nosotros, su Espíritu Santo es el Espíritu de nuestro espíritu. El Señor no se abandona a si mismo pues somos su cuerpo místico extendiendo su Misión de Amor, de encarnar su amor en esta tierra. Somos enviados y olvidamos a quien nos encarna, nos sostiene, guía, consuela y nos espera al final de la jornada.

julio-21-2019

Lecturas del Domingo, 21 De Julio

Decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario 

El Señor se apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, mientras él estaba sentado a la entrada de su carpa, a la hora de más calor.
Alzando los ojos, divisó a tres hombres que estaban parados cerca de él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó hasta el suelo,
diciendo: «Señor mío, si quieres hacerme un favor, te ruego que no pases de largo delante de tu servidor.
Yo haré que les traigan un poco de agua. Lávense los pies y descansen a la sombra del árbol.
Mientras tanto, iré a buscar un trozo de pan, para que ustedes reparen sus fuerzas antes de seguir adelante. ¡Por algo han pasado junto a su servidor!». Ellos respondieron: «Está bien. Puedes hacer lo que dijiste».
Abraham fue rápidamente a la carpa donde estaba Sara y le dijo: «¡Pronto! Toma tres medidas de la mejor harina, amásalas y prepara unas tortas».
Después fue corriendo hasta el corral, eligió un ternero tierno y bien cebado, y lo entregó a su sirviente, que de inmediato se puso a prepararlo.
Luego tomó cuajada, leche y el ternero ya preparado, y se los sirvió. Mientras comían, él se quedó de pie al lado de ellos, debajo del árbol.
Ellos le preguntaron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?». «Ahí en la carpa», les respondió.
Entonces uno de ellos le dijo: «Volveré a verte sin falta en el año entrante, y para ese entonces Sara habrá tenido un hijo». Mientras tanto, Sara había estado escuchando a la entrada de la carpa, que estaba justo detrás de él.

Libro de Génesis 18,1-10a.

El que procede rectamente
y practica la justicia;
el que dice la verdad de corazón

el que no estima a quien Dios reprueba
y honra a los que temen al Señor.
El que no se retracta de lo que juró,

aunque salga perjudicado;
el que no presta su dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que procede así, nunca vacilará.

Salmo 15(14),2-3.3-4.5.

Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia.
En efecto, yo fui constituido ministro de la Iglesia, porque de acuerdo con el plan divino, he sido encargado de llevar a su plenitud entre ustedes la Palabra de Dios,
el misterio que estuvo oculto desde toda la eternidad y que ahora Dios quiso manifestar a sus santos.
A ellos les ha revelado cuánta riqueza y gloria contiene para los paganos este misterio, que es Cristo entre ustedes, la esperanza de la gloria.
Nosotros anunciamos a Cristo, exhortando a todos los hombres e instruyéndolos en la verdadera sabiduría, a fin de que todos alcancen su madurez en Cristo.

Carta de San Pablo a los Colosenses 1,24-28.

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.
Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude».
Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,
y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada».

Evangelio según San Lucas 10,38-42.