¿Con qué autoridad juzgas?

Hoy Lavaré los platos meditando en mis resentimientos y les pondré el jabón dela oración para limpiarlos.

Alma mía, cuando juzgas a tu prójimo, parece que fueras un juez justo y que todo lo conoces. Ante una ofensa o deuda, lo condenas y le aplicas el castigo, pero es injusto ser juez y víctima, es injusto desconocer a fondo los motivos que provocaron la ofensa o la deuda.

Jesús entró en el Templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, para decirle: «¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te ha dado esa autoridad?».
Jesús les respondió: «Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas.
¿De dónde venía el bautismo de Juan? ¿Del cielo o de los hombres?». Ellos se hacían este razonamiento: «Si respondemos: ‘Del cielo’, él nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no creyeron en él?’.
Y si decimos: ‘De los hombres’, debemos temer a la multitud, porque todos consideran a Juan un profeta».
Por eso respondieron a Jesús: «No sabemos». El, por su parte, les respondió: «Entonces yo tampoco les diré con qué autoridad hago esto».

Evangelio según San Mateo 21,23-27

Cuando juzgas quedas como esclavo de tu prójimo, pues estás muy atenta a que se cumpla la sentencia que tu misma has dispuesto. Estás muy atenta a cada movimiento, palabra y obra que realice, esperando que la sentencias se cumpla. Tal vez esperando que la ley divina lo castigue escuchando el viejo refrán “Dos castiga sin palo ni cuarta”

Pero hay un “Dios que todo lo ve” y todo lo sabe, que no nos ha abandonado ni en la salud ni en la enfermedad, ni en lo prospero, ni en lo adverso. Un Dios justo, que hemos aprendido a decirle Padre Nuestro, por su encarnación en Jesucristo por obra de su Espíritu Santo. Y ante la ofensa el entrega misericordia, compasión y nos abraza con la creación, nos habla con su palabra y nos guía con su Espíritu Santo ara levantarnos y volver a tomar el camino, la verdad y la vida hacia los brazos de su Espíritu Santo donde nos entrega amor, paz, gozo, paciencia, amabilidad, mansedumbre y dominio de si,

Somos su bendición de Amor en esta tierra, la autoridad que tenemos viene de su misericordia, entonces, antes de pensar juzgar a tu prójimo, mira con que autoridad te sostienes, no sea que el Señor de la Misericordia te pida cuentas de la misericordia que te ha entregado, del perdón que te ha dado y en lugar de dar frutos, has escondido los dones recibidos para darle vida a la vida.


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