Incluir a Dios para organizar nuestra vida, a ponernos en píe, a caminar por las áreas difíciles y de conflicto, representa nuestra mayor fortaleza para transformarnos en el amor y hacia el amor. El sacramento de la Confesión, de la penitencia o la reconciliación es un diálogo profundo con Dios ante un sacerdote que escucha tus caídas, tu dolor de corazón, el propósito de no recaer para entregar, desde el amor y la misericordia de Dios, el perdón sacramental que absuelve tus pecados o errores cometidos en la ausencia del amor.
Frase a meditar: Mc 10, 13-16. El que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
Flor de amor: Hoy procura confesarte o programar una cita para hacerlo procurando, además, recibir la dirección espiritual del sacerdote.
