
En el bosque de la vida se necesitan de los senderos o caminos para transitar de un lado al otro. Las palabras en la oración hacen el sendero que va al fondo de corazón y traen todas esas provisiones que sólo habitan en lo más íntimo de nuestra intimidad. El sendero de las palabras recorre desde nuestra confusa atención hasta el origen de nuestro espíritu, donde recibimos la conciencia de bendición y el arropo amorosos del Padre Nuestro. Este sendero pasa por la finca de nuestro corazón, con su huerta y los frutos que entregamos- Así llega a la ciudad de nuestros pensamientos y sentimientos, donde desfilan órdenes y conceptos que hacen colonia, rumbo y camino.


