¡Qué se haga en mí tu voluntad!

No reces por el cumplimiento de tu voluntad, ella no corresponde necesariamente a la voluntad de Dios. Más bien, siguiendo la enseñanza recibida, reza diciendo: “¡Qué tu voluntad se haga en mí!” (Mt 6,10). Así, pídele que se haga su voluntad en todo, ya que quiere el bien y lo útil para tu alma. Aunque tú no buscas siempre eso.

En mis oraciones, seguido, pedí que se cumpliera lo que yo estimaba bueno para mí. Me obstinaba en la demanda, violentando tontamente la voluntad de Dios, en vez de dejarlo que ordenase lo que él sabía que era útil para mí. Cuando recibía lo que yo había pedido, veía que el objeto de mi oración no era como me lo había figurado. Grande era entonces mi decepción por no haber querido que se cumpliera más bien la voluntad de Dios sino que se cumpliera de preferencia la mía.

¿Qué existe bueno, sino Dios? En consecuencia, abandonémosle todo lo que nos concierne y estaremos bien. Ya que siendo bueno, es proveedor de dones excelentes. No te aflijas si no recibes inmediatamente de Dios lo que pides. Es porque quiere hacerte mayor bien por tu perseverancia de permanecer con él en la oración. ¿Qué puede haber de más elevado que conversar con él y ser absorbido en su intimidad? (…) No quieras que lo que te concierne se solucione según tus ideas sino según el deseo de Dios. Entonces, no tendrás dificultades en tu oración y estarás lleno de reconocimiento.

Evagrio Póntico (345-399)
Monje en el desierto de Egipto
Capítulos sobre la oración 31-34 (Philocalie des Pères neptiques, DDB-Lattès); trad. sc©evangelizo.org

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Evangelio según San Marcos 3,31-35.

Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar.
La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: «Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera».
El les respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?».
Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.
Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

¿Quieres que hablemos de tus problemas?

  • “Pido oración porque estoy pasando por pruebas muy difíciles, estoy trabajando con mi aceptación y voluntad pero me está costando mucho».

Alma Mía, orar es dialogar para escuchar la expresión del Amor de Dios, orar es ser anfitrión de la verdad, el camino y la vida. Es el paso más importante para entregar tu voluntad a la Voluntad del Amor.

Cuando haces oración confía que Dios siempre está presente, escucha tu petición y conoce tus necesidades. Dios de Amor con nosotros, escucha su voluntad. Y cuando otros piden que intercedamos en oración, tu dialogo con el Señor es para que el Amor haga su voluntad. Que sea el Amor quien sostenga tu voluntad y guíe pensamientos, emociones, cuerpo, imaginación, sueños y la relación con las personas.

Si alguien sabe la respuesta a ¿que es lo que ocurrirá mañana? es el Señor. Entonces porque esmerarse en hacer nuestros planes sin considerar que Dios está presente y el fundamento es «que se haga su voluntad en el cielo como en la tierra». Cuando hagas oración también hazle la pregunta que nuestra madre, la Santísima Virgen, nos enseñó ¿ y como será posible hacer tu voluntad?

Se anfitriona del Amor que viene a tu encuentro.

Permítete ser la anfitriona de Dios, encarna el Amor. ¿Como aceptar el Amor que te anima el alma? cuando tu mente, emociones y el decir de la gente quieren ser los gobernadores de tu vida. Recuerda que le pedimos al Padre Nuestro “Que se haga su voluntad” y su voluntad es expresar su Amor desde nosotros, por eso nos enseña Jesús que: primero Amemos al Padre Nuestro y así, al poner píe firme en su Amor, demos el paso de amar a nuestro prójimo y a ti, alma mía.

Medita

Así pues, para ser anfitriona de Dios: Medita. Detén tus pensamientos e invoca constantemente a Jesús con la jaculatoria: “Jesús, en ti confío”. También detén el gobierno de tus emociones con una respiración sosegada y suave como las olas del mar calmo llegando a la playa.

Alma mía, regresa el gobierno a tu corazón (Recordar significa regresar al corazón). Recuerda al tomar aire: «Jesús» y al soltar el aire «en ti confío» al Inhalar recibe a «Jesús» y al exhalar entrégale tu voluntad, preocupaciones y penas, temores y necesidades: «en ti confío».

Es decir, Medita pausadamente, sin prisa, sin exigir respuesta inmediata, con la confianza de que viene el Amor a tu encuentro. Recuerda que el Amor no es un sentimiento que se amplifica o acaba con nuestra voluntad y desilusión, es el Señor: Dios es Amor.

Descubre el Amor de Dios está presente y te abraza en su creación, con su presencia, te guía con su palabra, te consuela y fortalece con su Espíritu Santo guía. la expresión de su Amor, siempre está presente. El cielo y la tierra se rigen por su Amor. Los océanos y la vida, se ordenan en su Amor. Al escuchar en la oración y meditar en su presencia, nos entrega su Amor para que, al compartirlo, seamos libres expresando la verdad, el camino y la vida del Amor.

Los Milagros son la expresión de su Amor. En todo lo que te rodea está su expresión de Amor como en ti. Con los ojos de tu espíritu verás las expresiones de Amor. Con tu mente, emociones y cuerpo sólo distinguirás limitación y caos, confusión y en tu consciencia el desanimo. Pues el desánimo es el mal contacto con tu ánima, con tu alma, con tu espíritu que reconoce el camino, la verdad y la vida.

Por eso, reconoce al Amor y al orar escucha su expresión, al meditar descubre que Dios está presente.

¿Quieres que hablemos? Dios está presente.