¡Anímate!

Alma mía porque te desprecias, porque miras la sombra donde está puesta a luz del amor. Miras con necesidad y juzgas con dolor la vida, te miras apartada y solitaria. Relames los grilletes de la esclavitud y culpas de verdugo al mundo. Acaso no te has dado cuenta que en ti está la paz y a libertad para liberar al mundo. Acaso no comprendes que el amor vive en tu corazón y está ansioso de amar a Dios, al prójimo ya ti mismo. Sigue leyendo «¡Anímate!»

Deja de separarte, para que todos seamos uno

Uno en Cristo,una pareja en Cristo, una familia en Cristo, una amistad en Cristo, una vecindad en Cristo, una comunidad en Cristo, una empresa en Cristo. EN Cristo, en el amor de los Amores, aceptando que somos espíritu de amor encarnado por el Padre Nuestro, que somos amados hasta la última gota de Sangre por Cristo, que somos amados por el Espíritu Santo que anima nuestro espíritu. Es su soplo divino de vida eterna el aliento que me da existencia, rumbo y sentido Sigue leyendo «Deja de separarte, para que todos seamos uno»

Espera a que llegues

Alma mía, Dios te contempla con amor y espera tu presencia. Así también conoce cada uno de los pensamientos y emociones, preocupaciones, carencias y necesidades que guardas en tu conciencia. Ha estado siempre presente a pesar de que lo has ignorado o puesto en segundo lugar y hasta lo has dejado en el olvido. Alma mía descubre que el aliento que te anima es el amor del Señor, retírate a su presencia.

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Acepta y entrega

Alma mía, el Señor insiste en que pongas su palabra en tu vida, que la encarnes y la extiendas como bendición por el mundo. Simplemente la escucha de su palabra parece difícil, pues hay tanto ruido en las preocupaciones y rencores, en el temor y los egoísmos del corazón, que alzarse sobre ese ruido requiere negarse y cerrar la puerta de los sentidos y las emociones para entender y comprender la palabra del Señor. Alma mía, su palabra tiene la fuerza y el sentido de lo que tanto anhelas. Sigue leyendo «Acepta y entrega»

Oración por mi espos@

Señor, Tú nos pides que tomemos el yugo y caminemos juntos, pues tu yugo es suave y tu carga ligera. Te pido por mi cónyuge, ese ser lleno de tu amor con quien comparto mi yugo. Has puesto el amor para unirnos y nuestro egoísmo y el adversario parece insistir en separar el paso y nuestro rumbo. Gracias por permitirme decidir por compartirme con mi espos@ para compartir las bendiciones de tu camino. Para crecer y multiplicarnos, para ir por todo el mundo encarnando el amor, buscando la paz y el perdón.

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Perdona desde el amor

El perdón es una de las bendiciones que nos lleva a encontrar el gozo del amor.

El gozo del cielo es el amor, la paz, la armonía, la belleza, la capacidad de reconciliación y de bendecir. Mientras que el gozo del cielo está fundado en el amor y la paz, el perdón la reconciliación como expresión del amor de Dios, milagro que descubre la voluntad del amor en la creación. En cambio el gozo de la tierra es temporal y está fundado en el egoísmo. Sigue leyendo «Perdona desde el amor»

Pídele al amor que limpie, lo que no descubre el amor.

Parece una expresión contradictoria pero contempla el amor fluyendo en tu vida, verás que hay áreas y temas donde no se descubre el amor. De pronto es difícil entregarle a tu pareja la caridad en cualquiera de sus expresiones, también puede ocurrir que te cueste trabajo recibir caridad de tu pareja. Dar y recibir caridad, no significa menospreciar a la otra persona o rebajarnos, pues caridad es el amor expresado en, y desde,  nuestra humanidad con actos concretos. Es como mirar un cristal que está sucio. Podemos quejarnos de que no podemos ver a través de este, porque está sucio, o podemos observar y limpiar esas manchas difíciles para volver a  permitir que la luz entre y salga limpiamente, que el amor fluya en sus vidas de forma cotidiana y sin mal-interpretaciones. Sigue leyendo «Pídele al amor que limpie, lo que no descubre el amor.»

Se amable

Confía en el amor de tu noviazgo, en el amor de tu matrimonio, en el amor de Dios y deja que su milagro de caridad se exprese en su vida. Permítele a Dios ser Dios, especialmente en los momentos en que las caídas, la obscuridad del dolor y el rencor, la debilidad y la falta de voluntad nos hacen flaquear.

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