¿Cómo encarnar el Don de Dios?

El Espíritu Santo es el Don de Dios, el paráclito. Es decir: el Amor que guía, consuela, fortalece y anima. En nosotros está encarnar el Don de Amor de Dios al recordar, discernir, crecer ¿Cómo encarnar el Don de Dios?

Recuerda… regresar al corazón

Discierne… decide y separa aquello que es de tu escencia, de tu amor

Crece… camina, vive… da testimonio del Amor que te sostiene.

Ante la crisis:

Recuerda, decide por amar, crece dando testimonio del Amor que te anima y sostiene. El Amor que une al Padre Nuestro con Jesucristo que guía, consuela, fortalece con el camino de la paz del Padre, la verdad que nos libra del pecado y la vida que viene del Amor.

En la adversidad:

Recuerda que eres expresión del Amor de Dios y decide por amar, es lo que en verdad puedes entregar para librarte de toda atadura que viene del dominio temporal que contradice nuestro amor con el Temor. Permite que el Don de Dios, el Amor que entrega el Padre Nuestro en el Hijo y el hijo nos entrega para extenderlo desde nuestro corazon, regresando el amor a nuestro corazón. (re-volver cordis- corazon).

En la duda:

Discierne, separa la experiencia del tiempo, de la presencia eterna del Don de Dios. Caa día se compone de la eternidad y el tiempo pero sólo la eternidad permanece. Decide reconociendo el Don de Dios hacia la experiencia de la paz en el Amor. Decide por Amar así unirás tu consciencia a la presencia del Espíritu Santo en el camino, la verdad y la vida que nos entrega el Padre Nuestro en Jesuscirsto nuestro Señor Jesucristo.

En el temor:

Crece en el Amor, sólo el Amor basta, pues es la palabra que se encarna y habita entre nosotros, es el Don de Dios que permanece, guía, consuela, fortalece y anima. El temor no resiste la presencia del Amor que todo lo ilumina y le da sentido y rumbo a la existencia. El temor niega tu presencia, mientras que el amor afirma tu presencia. Pues el Amor es tu origen, camino y destino por la gracia del Don de Dios que nos entrega con el camino, la verdad y la vida de nuestro Señor Jesucristo.

En la parálisis:

Cree y acepta el Don de Dios en tu existencia, pues está presente en su creación, en sus criaturas, en tu prójimo y en tí. El Amor siempre fluye en ti, sin detenerse, pues la presencia del Espiritu Santo se extiende en su creación y tu eres su expresión de Amor, espera que tomes el camino y te fortalecerá, espera que le entregues la libertad que te ha dado para hacer su voluntad. Espera que aceptes la vida plena con el Don del Padre Nuestro que te entrega con Jesucristo, nuestro Señor.

En la debilidad:

Abre tu consciencia a la fortaleza del Don de Dios, permite que el Amor eterno abunde en el amor terrenal, eres misionero de amor para que el Amor eterno abunde en tu experiencia de amor terrenal. Encarna el Don de Dios donde la debilidad pues es la opotunidad de caminar con la verdad que nos hace libre en la vida que viene del Amor del Padre Nuestro en Jesucristo, nuestro Señor.

En el Pecado:

Cuando con tu pensamiento, palabra, obras o tus omisiones has contradecido la guía, consuelo, fortaleza y el ánimo del Don de Dios presente en ti; acepta el error, duélete de tu separación, bendice la oportunidad de corregir y restituir el daño que causó tu desvío, ve al encuentro de la misericordia del perdón del Padre Nuestro que nos entrega con el camino, la verdad y la vida de Jesucristo, nuestro Señor.

Al orar:

Escucha lo que proclamas. Reconoce que el Don de Dios te escucha y quiere que encarnes su guía, consuelo, fortalece y animo. Vive el Don de Dios, el espiritu y la voluntad del Padre Nuestro con el camino, la verdad y la vida que nos entrega con Jesucristo, nuestro Señor.

Medita:

Une el Amor Eterno con el amor temporal. Regresa al presente, observa el pasado desde el momento en que vives, camina con rumbo al Amor eterno. Detén tu mente invocando «Jesús«, al inhalar y confíale tu pensamiento o emoción al exhalar diciéndole «en tí confío» y confíale.

Las mentiras y el cordero Pascual

Las mentiras son semillas que sembramos en nuestra vida que, al crecer en el tiempo, por fuera se miran como flores hermosas y perfumadas pero por dentro son un corral tejido con espinas que terminan por quitar la vida.

Hacer cosas prohibidas

Un grupo de pequeñas ovejas jugaba en la pradera subiendo y bajando con otros compañeros, de pronto un gran borrego se les acercó y los fue llevando uno a uno a una cueva donde hicieron cosas prohibidas. Cuando salían de esa cueva ya no jugaban juntos ni alegres, ahora estaban callados y caminaban en lugar de correr. Aquel borrego no era lo que parecía, era un espíritu malo que se cubría con una piel de borrego, así que volvió a acercarse a la pequeña oveja y sus compañeros y les dijo: “no comenten, no digan lo que ha pasado, aquí les voy a dar unas semillas para que, cada vez que les pregunten ¿qué es lo que les pasa? Respondan sembrando una de estas semillas y diciendo, estoy sembrando unas flores muy bonitas para que regalarte y decirte que te quiero”.

Sembrar mentiras

Así obedecieron a aquel borrego y se mantuvieron juntas porque en su corazón sabían que habían hecho cosas prohibidas y no se atrevían a decir la verdad. Así cuando la madre o el padre les preguntaba porque estaban tan serias ellas sembraban una semilla diciendo, siembro flores bonitas para regalarte. Lo que no sabían aquellas ovejas era que esas semillas eran las semillas de las mentira y cuando crecían hacia afuera nacían flores hermosas que parecían regalos, pero hacia donde estaban las ovejas crecían ramas llenas de espinas que, poco a poco, fueron convirtiéndose en un corral que no las dejaba salir a jugar y ser felices. Cuando los buscaban los otros borregos para caminar por la pradera las ovejas sembraban otra semilla y decían que estaban sembrando flores muy bonitas. Algunos borregos pensaban que eran ovejas muy trabajadores y bondadosos con la gente, pero las ovejas se encerraban mas y mas en aquel corral de espinas.

Cultivar mentiras

El espíritu malo, vestido de borrego, sabía que estaban encerrados entre las mentiras y así crecerían juntas y serían un buen alimento para comérselas una a una. Cuando se acercaba les repetía “no comenten, no digan lo que ha pasado”. Mientras, hagan lo prohibido que yo les enseñé, junten muchas semillas para seguir sembrando y diviértanse sin que nadie las moleste ni diga que son malas.

Encerrándose con mentiras y el miedo a la verdad

Cerca de esas praderas había un rebaño de corderos. En ese rebaño había un cordero muy especial que las guiaba y que sabía muy bien quien era aquel espíritu malo con piel de borrego. También conocía como atrapaba a las ovejas con las mentiras y el miedo a la verdad. Sabía que las mismas ovejas se encerrarían en un corral para separarse de las demás, que entre ellas se harían lo prohibido y poco a poco las espinas las matarían cuando las ovejas estuvieran gordos y grandes y serían la comida de aquel espíritu malo.

Las ovejas son parientes de los corderos, los corderos les nombran hermanos. Así que por amor a sus hermanos se había propuesto encontrar aquellos corrales que por fuera mostraba flores hermosas y perfumadas pero por dentro, aquel corral estaba tejido con las espinas de las mentiras que terminarían por quitarles la vida.

El cordero Pascual

Aquel cordero especial, se llamaba Pascual y sabía como abrirles el paso para sacarlas del corral espinoso, aunque esas espinas también se le clavaran en su cuerpo. Un día descubrió muchas flores hermosas unidas que formaban como una bonita enramada de flores, pero el cordero sabía que era el corral y si apuraba el paso todavía podría salvar a alguno de aquellas ovejas.

El rescate

Al acercarse aquel cordero los corderos estaban haciendo lo que el espíritu malo les había enseñado y entre mas se movían mas se lastimaban con las espinas. Le dijeron las ovejas al cordero “siembro flores bonitas para regalarte” y sembraron otras semillas de la mentira. Una de las ovejas, el mas grande que estaba con las espinas clavadas en su piel, le dijo al cordero. Ya no quiero sembrar mas semillas y me arrepiento de hacer cosas prohibidas. A lo que el cordero dijo, no he venido a juzgar sino a salvarlas. Así se alejó un poco para tomar impulso y se lanzó sobre aquel corral de mentiras. Al chocar las espinas se le enterraban y sangraba, algunas se rompieron pero faltaba más para abrir una salida. Nuevamente se separo y volvió a arrojarse sobre las espinas. Una y otra vez hasta que se abrió un hueco suficientemente grande para que salieran las ovejas. La sangre del cordero marcaba aquel hueco por donde salieron aquellas ovejas. Uno de ellos traía semillas de mentira y el cordero bañado en sangre le dijo deja esas semillas y no las siembres más.

Las ovejas podían correr nuevamente por aquella pradera, volvieron a brincar y jugar, aprendieron que esas cosas prohibidas los entristecían y las mentiras los encerraban. El cordero fue con el pastor y le dijo: “Perdónalos porque no sabían lo que hacían”. Así el pastor las llamo y ellas reconocieron su voz y fueron a unirse con el rebaño. Pero aquel espíritu malo, que se cubría con una piel de borrego, estaba llevándose a una cueva a otras ovejas que jugaba en la pradera.